El desarme de las Letras Fiscales de Liquidez (LEFI) generó una verdadera convulsión en el mercado financiero local. A partir de ese momento las tasas comenzaron a tener una volatilidad inusual y llegaron a pactarse al 180% ante la necesidad de efectivo. El dato no es menor: el precio del dinero se convertirá en un freno del crédito y, por lo tanto, si se dilata, a la actividad.
En la semana, el Gobierno fue otra vez testigo de cómo actúa el mercado. En la última billonaria licitación, el Gobierno puso en juego más de 6 billones de pesos que tenían que ser absorbidos por el sistema, básicamente bancos. Las ofertas fueron superadoras porque terminó aceptando más dinero del que necesitaba. Pero hay un detalle: pagó 75%, una cifra que es casi tres veces la inflación proyectada para este año.
En el Gobierno piden que los bancos “jueguen de bancos”. El tema es que con las tasas actuales es más atractivo y fácil prestarle al Estado que a los privados.
Por otro lado, al subir los encajes (el dinero que los bancos reciben de sus clientes y debe quedar inmovilizado en el Banco Central), el dinero prestable es menor. En este caso, la estrategia de Economía fue secar la plaza de pesos y asegurarse un dólar más estable.
Los economistas aseguran que este esquema diseñado de apuro por el Gobierno no durará mucho, aunque nadie duda que al menos correrá hasta las elecciones.
Una muestra de ello fue el posteo en X que decía: “¿Una suba de tasas en pesos te puede llevar a una recesión?”. La respuesta llegó del propio ministro de Economía, Luis Caputo, quien contestó con un punteo de tres bullets en los que definió la suba como “transitoria” y la ató a la incertidumbre electoral de los próximos meses.
Sobre este último punto, Caputo vaticinó que el Gobierno tendrá una muy buena performance electoral y por ende a posteriori las tasas volverán a valores más normales.
De todas maneras, el ministro sí reconoció que este escenario provocará un impacto en el nivel de actividad, pero que se recompondrá “rápidamente poselecciones”.
“Nosotros creemos que esta suba de tasas va a ser transitoria, porque las elecciones serán muy favorables para LLA (La Libertad Avanza)”, sostuvo Caputo.
La preocupación por la caída de la actividad ya es advertida por la Unión Industrial Argentina (UIA), la gremial empresaria que concentra un abanico de sectores y regiones productivas con intereses diversos.
En los primeros meses de este año la industria rebotaba en su crecimiento mes a mes cuando se lo comparaba con el año anterior, que fue el primero de Javier Milei como presidente y donde la inflación y la recesión se aceleraron en el primer semestre producto del reacomodamiento de precios.
De hecho, según el último informe de la UIA publicado en el mes de julio, indicaban una suba de la actividad industrial en torno al 2,8% en términos interanuales.
“Al interior de la industria continúa la heterogeneidad sectorial, con solo tres sectores recuperándose respecto al período acumulado de 2023 (los vinculados a la molienda, refinación de petróleo y la producción de motos) y solo dos sectores con recuperación productiva si se compara con el mismo período de 2022”, dice el informe de la UIA. El informe de la UIA compara contra el 2023 y 2022, porque considera que el año pasado fue de una inusitada caída producto del reacomodamiento de la economía, y por lo tanto, menos comparable.
Por otro lado, un informe de la Universidad Austral le agrega un condimento especial a la economía de estos días: las elecciones.
En resumen, la Austral sostiene que las elecciones de septiembre y octubre son un acontecimiento bisagra para el Gobierno. Si gana, se plebiscita el rumbo seguido por el Ejecutivo.
Se llega a estas elecciones con unas tasas de interés elevadas y volátiles, con una política fiscal dura y con una política monetaria contractiva. Esquema muy diferente a la decisión de los gobiernos de expandir el gasto con fines electorales. Después de las elecciones, se vislumbra un reseteo de la política monetaria y cambiaria. El gobierno no ha dado definiciones, pero se especula con la supresión del régimen de bandas hacia un tipo de cambio más flexible. Este es un tema complejo por el miedo natural del dólar flotando en un país tan sensible a este indicador.
“En 2026 la administración debe encarar las reformas estructurales y el fortalecimiento de sectores con una política industrial de tipo horizontal, sin privilegios, pero con un enfoque pragmático que acompañe, por ejemplo, la apertura comercial de la economía con un nivel de tipo de cambio más razonable. Esto implica complementar el esfuerzo macro con políticas pro competitividad que sustenten mayor actividad económica”; sostiene el informe de la Austral.
Otro tema que los analistas están siguiendo con atención es la inversión. Según el Centro de Estudios Económicos de Orlando Ferreres & Asociados, la inversión sigue mostrando un avance en comparación interanual, pero la estimación de julio sugiere una desaceleración, arrojando la tasa de crecimiento más baja desde que comenzaron los registros positivos en diciembre del año pasado.
Claro que los meses que marca la UIA y los informes de la Austral y Ferreres no llegan a reflejar el impacto de la suba de las tasas y el impacto político del escándalo político desatado por las presuntas coimas en Discapacidad. Es decir, una cosa es ganar las elecciones y otra será reacomodar la economía después de los comicios. En el Gobierno sostienen que para corregir la economía es imprescindible ganar las elecciones. El mercado, por ahora, prefiere ver para creer.