El ataque de Israel en Qatar contra los líderes de Hamás ha puesto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una posición incómoda y ha exhibido sus intereses encontrados en la guerra en Oriente Próximo. Ese trastorno se ha manifestado en el silencio que el mandatario ha mantenido durante horas tras el ataque, solo roto luego por un comunicado, que primero ha leído la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en su rueda de prensa diaria.
En ese mensaje el republicano ha incluido una crítica directa al ataque pero, a la vez, ha defendido el objetivo de Israel. Asegura que ha prometido a los líderes de Qatar que un ataque así “no volverá a ocurrir en su territorio” pero también ha dicho que está convencido de que el “desafortunado incidente podría servir como una oportunidad para la paz”.
“El bombardeo unilateral dentro de Qatar no ayuda a las metas de Israel o EEUU. Sin embargo, eliminar a Hamás (…) es una meta digna”, ha dicho el presidente en el mensaje, según lo ha leído Leavitt.
Información confusa
Trump, según la portavoz y el comunicado, fue informado por el Ejército de EEUU de que “Israel iba a atacar a Hamás”, una forma de decir que no había sido informado directamente de la operación por los israelís. A continuación ha definido a Qatar como “una nación soberana y cercano aliado de EEUU que está trabajando intensamente y tomando con valentía riesgos con nosotros para gestionar la paz”.
El comunicado asegura que, tras ser informado por su propio ejército, Trump “inmediatamente” dio instrucciones a Steve Witkoff, su enviado especial, de que informara del ataque “inminente” a Qatar, país que vuelve a describir como “un fuerte aliado y amigo de EEUU”. También dice que el presidente “se siente muy mal por la localización de este ataque”.
Siempre según Leavitt y el comunicado, Trump habló con el primer ministro de Israel, Binyamín Netanyahu, que “después del ataque dijo al presidente Trump que quiere lograr la paz rápidamente”.
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