Murió Fats Fernández, el gigante de la trompeta argentina

El jazz argentino pierde a uno de sus máximos exponentes. El pasado miércoles, a los 88 años, falleció Roberto «Fats» Fernández, el músico que logró unir el sentimiento del tango con la libertad del jazz y que llevó el sonido de su querido barrio de La Boca a los escenarios más prestigiosos del mundo.

Fats estaba internado desde hace varios años en un geriátrico y se desconocen las causas de su fallecimiento. 

El «Troilo de la trompeta»

Reconocido por la crítica y sus pares como una figura central de la cultura popular, Fernández fue definido por Astor Piazzolla como el «Pichuco de la trompeta». Su fraseo lírico y su identidad profundamente porteña lo convirtieron en un artista irrepetible que rechazaba el elitismo en la música.

«Si la música no se toca con el corazón, no es música, son notas», solía decir el trompetista que empezó a soplar el instrumento a los seis años en el Colegio Don Bosco.

Roberto Fats Fernandez

A lo largo de cinco décadas de trayectoria, «Fats» no solo fue un referente local, sino que se codeó con la realeza del jazz internacional. Compartió escenarios y grabaciones con figuras como Ray Charles y Dizzy Gillespie (quien lo apodó «Golden Sound»), Chick Corea, Paquito D’Rivera y el saxofonista rosarino Gato Barbieri.

“Gato me hizo escuchar discos de Miles Davis, John Coltrane que traía su hermano, Rubén (también trompetista) y que no conocía. Recuerdo que esos momentos fueron una epifanía para mí”, compartió Fats en una entrevista.

A pesar de su virtuosismo, Fernández siempre mantuvo los pies en el barrio. Grabó gran parte de su obra con el sello Melopea de Litto Nebbia, participó en bandas sonoras de cine y nunca tuvo prejuicios para tocar en televisión o acompañar a artistas populares.

A lo largo de su trayectoria, recibió numerosos premios, entre ellos el Premio Konex de Platino 1995, Diploma al Mérito, Premio Estrella de Mar y Premio ACE al Mejor Disco (1992). En 1995 ganó además dos Estrella de Mar al Mejor Espectáculo Musical y al Mejor Grupo de Música Popular, y fue becado por la Cancillería en 1991 por su contribución a la música argentina.

Para él, la trompeta era una herramienta de libertad. Su partida deja un vacío inmenso en la escena musical, pero queda su «sonido de oro» y una escuela de músicos que se formaron bajo su generosa tutela.

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