Las negociaciones han sido largas, entre ‘excels’ y ‘telefonazos’, pero solo en dos ocasiones han amenazado con descarrilar. El Govern y ERC han ido ganando confianza desde la investidura de Salvador Illa como president reuniéndose cada semana en Barcelona, en una sede de la administración que no es el Palau de la Generalitat, hasta alcanzar el pacto por una nueva financiación con singularidad catalana, actuando incluso como un frente común ante el Ministerio de Hacienda. Una posición que no siempre ha sido fácil para los socialistas catalanes, que tenían que presionar para que el acuerdo viera la luz sin traicionar los intereses del Gobierno y evitar que nada se rompiera. Había que casar todos los intereses en un único acuerdo.
Primero se «conceptualizó» el modelo tras compartir que Cataluña es una autonomía infrafinanciada, con un crecimiento de dos millones de personas en una década y con «tensión evidente» en los servicios públicos. Después se acordó que el sistema debía respetar las singularidades catalanas, pero que debía, a la vez, mejorar la situación de todas las autonomías. Desde el primer minuto quedó claro que Catalunya no iba a salir del régimen común y que se diseñaría un modelo basado en la solidaridad interterritorial. Eso sí, para poder contar con ERC, el modelo tenía que ser «nuevo» y no una «reforma» del actual. Construidos los cimientos, los implicados debatieron sobre la idoneidad de convocar la comisión bilateral entre el Estado y la Generalitat para abordar el asunto.
«Nadie entendía que se hiciera esta reunión», revela uno de los negociadores. El Gobierno no veía clara la necesidad de convocarla porque consideraba que iba a generar un ruido que complicaría las negociaciones, algo que ERC comprendía y por eso aceptaba posponerla. Pero el Govern, atado a la literalidad del pacto con los republicanos, necesitaba escenificar que se estaban dando pasos importantes y que se cumplía con el calendario. El conseller de la Presidència, Albert Dalmau, logró convencer a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en una conversación telefónica que se alargó más de una hora en una parada de bus de la Vall d’Aran el 17 de junio. Un mes después, el 14 de julio, la cumbre se celebró en la Generalitat. «Provocarla fue muy determinante», sostienen fuentes del Govern, porque permitió acercar posiciones.
Fotografía de la comisión bilateral Generalitat – Estado sobre la financiación singular en el Palau de la Generalitat, el 14 de julio de 2025. / Ferran Nadeu
El pulso por la ordinalidad y los ingresos
El verano fue más tortuoso. «Una reunión presencial en Madrid, con las tres partes implicadas, acabó como el rosario de la aurora», porque la ordinalidad no quedaba garantizada y porque ERC fijó su línea roja: no iba a aceptar menos de 4.000 millones de euros de más. Hubo varias llamadas después de la cita para calmar los ánimos, y «la parte catalana» volvió a aliarse para que esta cifra creciera. «Esta crisis ayudó a que se pusieran soluciones sobre la mesa», asegura una fuente negociadora. El caso Cerdán también impactó en las negociaciones, explica una voz de ERC. «Descentró un poco la parte de Madrid», recuerda, pero fue decisivo que «nunca se dejara de negociar». Además, cuando ha sido necesario, siempre ha habido interlocución directa al más alto nivel. «Cuando Oriol [Junqueras] ha cogido el teléfono, Montero y Sánchez han contestado. Cuando ha habido problemas, esto ha sido clave», explica la misma voz. La implicación directa del president Illa también salvó más de un posible choque.
El intercambio de documentos se aceleró y mientras el Govern celebraba la Diada de Catalunya en Madrid, el 17 de septiembre, Dalmau recibió la llamada de Montero: «Conseller, tenemos modelo». El titular de Presidència y la consellera de Economia, Alícia Romero, un «tándem muy currante», pasaron la noche en la capital del Estado para acudir al día siguiente a la reunión con la ministra y conocer el contenido de las cifras y el reparto. Después se comunicó a Esquerra, que vio cómo se cumplía con la ordinalidad en la población ajustada, pero no en la población real, y que todavía faltaba llegar a la cifra de 4.700 millones de euros.
A estas cuestiones dedicaron el tramo final de la negociación hasta fin de año y en este marco debe entenderse que ERC pospusiera el debate sobre su propuesta en el Congreso para recaudar íntegramente el IRPF, que se solventará en los próximos días con un compromiso para su tramitación por parte del PSOE. Después solo quedaba cerrar los detalles de la cita entre Sánchez y Junqueras en la Moncloa, de la comparecencia de Montero un día después ante los periodistas, y de la puesta de largo de Salvador Illa con los socios, la oposición y los agentes sociales en el Palau de la Generalitat.
Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, reunidos en Moncloa. / José Luis Roca
La sintonía de «la parte catalana»
El resultado es celebrado como un hito por el Govern y ERC, que no esconden ni su satisfacción ni su sintonía. «Estamos muy satisfechos. La parte catalana ha funcionado como un reloj. La coordinación ha funcionado muy bien y tiene que seguir así», sostienen fuentes inmersas en las conversaciones. Tanto es así que, al igual que sucedió tras la comisión bilateral de julio, volvieron a presentar el detalle del acuerdo ante los periodistas, de forma conjunta, representantes del Executiu (los consellers Dalmau y Romero, junto con el secretario general de Economia, Juli Fernàndez) y de Esquerra (el gerente del partido, Lluís Salvadó, y el portavoz, Isaac Albert). «Hemos ido de la mano, era una de nuestras necesidades y responsabilidades», afirma uno de los negociadores. «Ha funcionado porque hemos mantenido una lealtad clara», sostiene otro.
El president Illa con los consellers Dalmau y Romero el pasado viernes. / Kike Rincón / Europa Press
Aunque en algún episodio de la negociación, que todas las partes admiten «dura», presionaron públicamente a Montero, la definen como «trabajadora y disciplinada» y atada al teléfono en largas conversaciones. El reto estaba claro y en la primera reunión de Montero con la consellera Romero, llegaron a confesarse lo siguiente: «O las dos tenemos éxito o las dos nos hundimos». Destacan también el papel del secretario de Estado de Hacienda, Jesús Gascón, y del secretario del Govern, Javier Villamayor. Para engrasar el vínculo entre el Govern y ERC, también ha sido clave la viceprimera secretaria del PSC, Lluïsa Moret.
«Hay que seguir trabajando en la bilateralidad para financiar mejor las singularidades. Hay mucha satisfacción, pero también mucho trabajo pendiente y meses por delante», recalcan los republicanos, señalando el fortalecimiento de la Agència Tributària de Cataluña para que pueda acabar recaudando todos los impuestos, el consorcio de inversiones y la ampliación de las competencias en materia fiscal. «Hoy no termina nada», remachan desde el Govern, con la mirada puesta ya en los presupuestos de 2026 que Illa quiere presentar a finales de este mes.
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