Por que los árboles crecen menos, pese a que brotan antes en primavera debido al estrés climático?

El calentamiento global está adelantando el inicio de la temporada de crecimiento de los árboles en primavera, pero, paradójicamente, este arranque temprano no se traduce en un mayor crecimiento anual. En realidad, algunas de las especies más comunes en los bosques templados, como el abeto blanco, el haya común o la pícea de Noruega, están creciendo cada vez menos.

Son las dos principales conclusiones de estudio del Instituto Federal de Investigación de Suiza para Bosques, Nieve y Paisaje (WSL), cuyos hallazgos, publicados en la revista ‘Global Change Biology’, desmontan la esperanza de que una estación de crecimiento más larga pudiera compensar las pérdidas de carbono causadas por el calor y la sequía.

Todo ello tiene implicaciones directas para la capacidad de los bosques como sumideros de carbono y para la gestión forestal. La investigación, dirigida por el ecólogo Arun Bose, evaluó el crecimiento radial de cinco especies arbóreas en 48 localidades de Suiza entre 2012 y 2022, utilizando una red de más de 200 árboles monitorizados con instrumentos de alta precisión llamados dendrómetros.

Crecimiento adelantado

Estos dispositivos, adheridos a los troncos, permiten registrar cambios minúsculos en el diámetro, diferenciando cuándo se forma nueva madera de cuándo el tronco simplemente se hincha o contrae por la absorción o pérdida de agua. Los datos, analizados casi en tiempo real, pintan un panorama claro: «En los últimos 11 años, la temporada de crecimiento se ha adelantado varios días. Este es el período del año en que los árboles pueden realizar la fotosíntesis», explica Bose.

Un árbol con un dendómetro instalado. / Roman Zweifel / WSL

Y es que temperaturas invernales y primaverales más altas impulsan una actividad cambial más temprana, logrando que los árboles alcancen antes hitos como el 25% o el 50% de su crecimiento anual. Sin embargo, esta ventaja fenológica se ve anulada sistemáticamente por las condiciones posteriores.

La suposición de que una temporada más larga aumentaría la productividad «no se sostiene», señala Bose. «Se creía que una temporada cálida más prolongada podría compensar algunos de los efectos negativos del cambio climático. Lamentablemente, no es así», añade.

Estrés hídrico severo

El estudio constata que, en lugar de aumentar, el crecimiento anual del tronco disminuyó significativamente para el abeto blanco (Abies alba), el haya (Fagus sylvatica) y la pícea (Picea abies) durante la década analizada. Por el contrario, el pino silvestre y varias especies de roble mantuvieron tasas estables, aunque tampoco mostraron beneficios netos del calentamiento.

El mecanismo detrás de la ralentización radica en la interacción entre el calor y la disponibilidad de agua. Un inicio temprano implica una mayor demanda hídrica al principio de la temporada. Cuando luego llegan los meses estivales, cada vez más propensos a olas de calor y sequías, los árboles se encuentran bajo un estrés hídrico severo.

Bosque de abetos blancos. / Pavle Cikovac

«Los árboles crecen cuando hay suficiente agua disponible. Si hace demasiado calor y la sequía es excesiva, se evapora más agua de la que pueden absorber las raíces; el árbol se estresa y su crecimiento se detiene», aclara el investigador. Así, el efecto positivo de las temperaturas cálidas en primavera se invierte hacia el verano, llegando a ser negativo.

Secuestro de carbono

El estudio cuantifica que la influencia de la temperatura en el crecimiento semanal es la más determinante, mostrando una relación curvilínea: beneficiosa al principio, perjudicial después. El resultado es una reducción en el número real de días en los que las condiciones son óptimas para el crecimiento, que puede oscilar entre 40 y 110 días al año según la especie y el clima.

«Al final, unos pocos días y horas determinan cuánto crece un árbol. Si algunos de estos se pierden debido al aumento del calor y los períodos secos, se pierde una gran parte del crecimiento anual del tallo», subraya Bose. 

Esta compresión de la ventana de crecimiento efectiva tiene consecuencias directas. Por un lado, limita la capacidad del bosque para secuestrar carbono atmosférico, ya que un crecimiento radial menor implica menos carbono almacenado en la madera.

Pícea de Noruega. / Ivar Leidus

Menor producción de madera

Por otro lado, desafía a la silvicultura, que podría enfrentarse a una menor producción de madera y a la necesidad de adaptar sus prácticas. «La respuesta de los árboles al cambio climático depende tanto de su ubicación como de su especie. Por eso es importante evaluar las estrategias de gestión a nivel local y específico para cada especie», enfatiza el científico.

Los hallazgos sugieren que las proyecciones futuras sobre el papel de los bosques en la mitigación climática deben incorporar esta compleja dinámica. La idea de que un inicio primaveral adelantado compensaría las pérdidas por estrés estival resulta demasiado simplista.

En realidad, el calentamiento está reconfigurando el ciclo anual de crecimiento de los árboles en los bosques templados, constriñendo su productividad y, con ello, uno de sus servicios ecosistémicos más valiosos en la lucha contra el cambio climático.

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