Un Nobel de la Paz no puede «revocarse, compartirse ni transferirse», señaló el Instituto Nobel Noruego a través de redes sociales, horas antes de la reunión entre Donald Trump y María Corina Machado. Repetía así su advertencia anterior, cuando la líder opositora venezolana expresó su anhelo de «entregárselo» al presidente estadounidense. A Trump le había dedicado ya Machado el prestigioso galardón, en octubre, al conocerse la concesión de un premio que codicia el mandatario.
La fotografía difundida por Casa Blanca con Machado entregándole a Trump de la medalla del Nobel, enmarcada en dorado, ha desatado la indignación en Noruega. Se produce en un momento álgido, con Washington desafiando a Groenlandia y a Dinamarca, gran aliado de Oslo.
De «patética» ha calificado la decisión de Machado la analista Janne Haalans Matlary, desde la televisión pública noruega NRK. «En un mundo en que todo se puede comprar o vender, no debería extrañarnos que eso ocurra también con el Nobel de la Paz», escribe el columnista de ese medio Sigurd Falkenberg Mikkelsen, quien recuerda que conceder el galardón a Machado fue ya polémico. La líder opositora califica a Trump de aliado desde antes de la intervención en su país y lo ha ratificado después reiteradamente. Ahora va «a la desesperada» para ganarse el favor de la Casa Blanca, que se decanta por la presidenta Delcy Rodríguez.
Apropiación «absurda»
Las críticas se suceden entre partidos y políticos. «Que reciba la medalla no significa que haya ganado el premio», recuerda la exministra de Defensa y de Exteriores, la conservadora Ine Eriksen Søreide. Desde el co-gubernamental Partido Centrista se critica que Trump se «apropie» del regalo y desde la Izquierda Socialista, aliado del Gobierno del socialdemócrata Jonas Gahr Store, se califica lo ocurrido de «absurdo».
El Partido Rojo, también aliado externo del Gobierno, considera que el Comité Nobel debe reformarse. «Que la medalla cuelgue de la oficina de Trump se debe a la decisión del Comité Nobel», según el portavoz del partido, Bjornar Moxnes. Sus cinco miembros son designados por el Parlamento noruego. Deberían, en cambio, ser elegidos por sus méritos y cualificación, apunta Moxnes.
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