Un caso de corrupción acorrala al presidente electo de Perú a poco más de 100 días de tomar posesión

Para ser consecuente con la tradición política peruana de las últimas décadas, el presidente provisional José Jerí ya está contra las cuerdas a poco más de 100 días de haber sustituido a Dina Boluarte tras su destitución por parte del Congreso. La posibilidad de que corra la misma suerte ha quedado de manifiesto desde el momento en que la Fiscalía de la Nación inició una investigación preliminar en su contra por haberse reunido de manera clandestina con un empresario chino, Zhihua Yang. Se lo acusa de los presuntos delitos de patrocinio ilegal de intereses y tráfico de influencias. Jerí puede ser citado en dos oportunidades por la fiscalía, pero la investigación quedará suspendida hasta que abandone el cargo en julio, una vez que concluya su mandato interino. Sin embargo, el Congreso tiene la potestad de echarlo antes y, de acuerdo con el diario limeño El Comercio, en menos de 24 horas se impulsaron varias mociones de censura, vacancia y otras iniciativas que obligan a los partidos aliados de Jerí a estar en alerta.

En poco tiempo, Perú pasó del «Rolexgate» que llevó a Boluarte al precipicio al comprobarse su pasión por los relojes de alta gama obtenidos de manera indebida, al «Chifagate». Así se llaman los restaurantes de comida china que proliferan en la capital y son del gusto de todos los sectores sociales. En uno de ellos se despliega al nuevo escándalo. El presidente del Consejo de Ministros, Ernesto Álvarez, sostuvo que Jerí ha sido víctima de una «trampa» como consecuencia de su inmadurez política. El empresario lo había llenado de elogios y el inexperto jefe de Estado y adalid de la mano dura contra la delincuencia fue «deslumbrado» por sus ofrecimientos. «Me ha asegurado que en ninguna circunstancia ha habido delito y que él había actuado en todo momento de buena fe»”, declaró, tras revelar que sostuvo una conversación telefónica directa con el jefe de Estado. Yang, el empresario halagador, es dueño de distintos negocios en el país andino, desde empresas hidroeléctricas a emprendimientos inmobiliarios. Había recibido en el restaurante a un hombre que entró encapuchado para no ser reconocido. Pero una cámara lo captó. El programa televisivo Punto Final, frecuente divulgador de escándalos, hizo saber que la persona encapuchada era nada menos que Jerí.

La saga de presidentes destituidos por diversos casos de corrupción o motivos inexplicables es larga en Perú: Boluarte, y anteriormente Pedro Castillo, Martín Vizcarra y Manuel Merino. Pedro Pablo Kuczynski evitó ese desenlace porque se anticipó a los parlamentarios y dimitió. Los ascensos y caídas son parte de un declive institucional que encuentra a tres presidentes presos, Alejandro Toledo y Ollanta Humala. Alan García se suicidó en 2019 cuando la policía se aprestaba a detenerlo.

Jerí se niega a repetir ese destino. «No soy Pedro Castillo, soy abogado, conozco las leyes, lo que debo hacer y no debo hacer. Soy un presidente que está en la calle, que va a comprar sus cosas, que come chifa». Han comenzado en Lima las apuestas para saber hasta cuándo permanecerá en el Palacio Pizarro, la sede del Ejecutivo.

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