Por qué la Argentina sigue lejos del millón de autos y qué debe cambiar para lograrlo

Después de varios años marcados por la volatilidad macroeconómica, la industria automotriz argentina comienza 2026 con un clima distinto. Enero, históricamente un mes de baja actividad, mostró plantas activas, equipos de recursos humanos trabajando y una sensación de “pretemporada” inusual para el sector. Para Ariel Bonanno, Key Account Manager de la división Automotriz de Adecco Argentina, este cambio no es menor: “Es un enero de mucha previsibilidad. Otros años el movimiento fuerte arrancaba en abril o mayo; ahora hay planificación más temprana.”

Sin embargo, detrás de esta mejora coyuntural persiste un interrogante estructural que atraviesa a toda la cadena: por qué la Argentina no logra romper el techo de las 600 mil unidades anuales y qué debería cambiar para acercarse al objetivo histórico del millón de vehículos producidos.

Un sector sensible. La automotriz es, probablemente, la industria más expuesta a los vaivenes de la economía argentina. “Tiene picos extraordinarios y bajadas catastróficas. Está siempre atada a la curva de la coyuntura”, describe Bonanno, quien en los últimos años concentró su trabajo en terminales y proveedores autopartistas.

Esa sensibilidad explica por qué, aun en momentos de recuperación, las empresas planifican en plazos cortos. Mientras las casas matrices proyectan a cinco años, en la Argentina las decisiones suelen reducirse a seis meses. Esa brecha condiciona inversiones, lanzamientos de modelos y, especialmente, la planificación del empleo.

La distancia con los principales polos regionales es contundente. México produce cerca de 4 millones de vehículos al año; Brasil supera los 2,5 millones; Argentina ronda entre 500 y 600 mil unidades. La brecha no es solo de escala, sino de estabilidad. “Brasil y México tienen economías más previsibles. Eso les permite tecnificar la mano de obra y planificar a dos, tres o cinco años. En la Argentina todavía no”, señala Bonanno.

Esa previsibilidad impacta directamente en la gestión de recursos humanos. En mercados más estables, las automotrices pueden anticipar demandas de personal, invertir en formación y expandir planteles con menor riesgo. En la Argentina, la falta de estabilidad de costos y reglas de juego limita esa posibilidad.

El millón de autos, objetivo todavía lejano. Consultado sobre si están dadas las condiciones para que la Argentina alcance el millón de vehículos en el mediano plazo, Bonanno es categórico: “En el corto y mediano plazo, no”.

La razón central es la combinación de costos elevados, presión tributaria y baja previsibilidad macroeconómica. “Cuando logremos estabilidad de costos y previsibilidad de la mano de obra, ahí sí vamos a tener el trampolín para despegar de las 600 mil unidades”, resume.

La carga impositiva sigue siendo uno de los principales factores que encarecen el precio final de los vehículos y afectan la competitividad de toda la cadena. Argentina parte de una clara desventaja frente a Brasil y México en términos de estructura de costos.

En tanto, la relación comercial con Brasil sigue siendo clave y, al mismo tiempo, asimétrica. Entre el 50% y el 70% de algunos modelos fabricados en el país se exportan al mercado brasileño. Pero esa dependencia también implica una balanza negativa: “Todo lo que podamos exportar a Brasil siempre va a ser menor a lo que importamos desde Brasil”, admite Bonanno.

Aun así, hay excepciones relevantes. Ford Argentina, por ejemplo, se consolidó como uno de los principales exportadores de pick-ups, con producción local orientada a mercados externos. Ese perfil exportador explica, en parte, por qué el segmento de utilitarios y pick-ups se convirtió en el eje más dinámico de la industria nacional.

Pick-ups y SUVs: el nuevo corazón del mercado. El viraje productivo ya no es una tendencia, sino una realidad consolidada. “La pick-up ya está asentada hace dos años. La Hilux fue el padrino de este cambio”, afirma Bonanno.

A esto se suma el crecimiento de SUVs y utilitarios, que desplazaron al sedán tradicional. Hoy conviven en el mercado desde modelos premium hasta opciones más accesibles, ampliando el público y sosteniendo volúmenes de producción. En términos industriales, este cambio permitió sostener actividad en plantas locales, aunque no alcanza para romper el techo productivo.

Apertura importadora y presión competitiva. La llegada de autos importados, en especial de origen asiático, introduce una nueva variable. Para Bonanno, el impacto será múltiple: “Va a elevar el nivel de competencia, ampliar la oferta y acelerar la incorporación de nuevas tecnologías”.

Esa presión competitiva actúa como un “tapón” sobre los costos internos y obliga a las empresas locales a ganar eficiencia, reordenar procesos y mejorar productividad. En términos laborales, el efecto no es lineal: no implica necesariamente menos empleo, pero sí un cambio en los perfiles demandados.

Aunque la Argentina todavía no fabrica autos eléctricos puros, la transición tecnológica ya impacta en el empleo. “Esto se está trabajando a contrarreloj. El que primero se adapte va a sacar ventaja”, advierte el ejecutivo .

La demanda empieza a crecer en áreas vinculadas a robótica, mantenimiento avanzado, postventa y atención al cliente especializada en vehículos híbridos y eléctricos. Al mismo tiempo, las empresas impulsan programas de reskilling y upskilling para reconvertir trabajadores con experiencia industrial hacia nuevas tecnologías.

En ese sentido, un reciente informe de Adecco refuerza esta idea y señala que la planificación estratégica de la fuerza laboral, basada en datos, será clave para sostener la competitividad en 2026

Recursos humanos como factor estratégico. En este contexto, recursos humanos deja de ser un área operativa para convertirse en un actor central. Bonanno describe un cambio de enfoque: mesas de trabajo con las empresas, análisis anticipado de licitaciones y planificación de dotaciones antes de que los proyectos se concreten.

La lógica es clara: si una terminal gana una licitación que implicará sumar 300 personas en tres meses, el desafío no es solo reclutar, sino contar con los perfiles adecuados en el momento justo. Técnicos electromecánicos, especialistas en robótica e ingenieros son hoy los perfiles más buscados.

Así, 2026 aparece como un punto de inflexión. La combinación de mayor previsibilidad, presión competitiva externa y transformación tecnológica obliga a tomar decisiones estructurales. “Las decisiones que se tomen este año van a definir si la industria se consolida o vuelve a quedar rezagada frente a la región”, sintetiza Bonanno.

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