Incluso desde antes del estreno de ‘Terminator’ (1984) hace más de 40 años, el cine se ha acostumbrado a advertirnos de que los avances tecnológicos acabarán convirtiendo nuestro mundo en una terrible distopía. Y, si tenemos en cuenta qué poco caso hemos hecho de ella, resulta del todo lógico que la primera película dirigida por el estadounidense Gore Verbinski en casi una década reincida en esa profecía.
Presentada hoy en la Berlinale fuera de competición, ‘Buena suerte, pásalo bien y no mueras’ mezcla acción y sátira para explotar nuestro miedo a la posibilidad cada vez menos remota de que la tecnología nos deshumanice y hasta nos reemplace. Con ese fin, imagina una versión del presente en la que un héroe solitario venido del futuro -Sam Rockwell, puro frenesí- emprende la misión de detener el inminente apocalipsis de la inteligencia artificial y salvar a la humanidad de los peligros de las redes sociales, contando para ello con la ayuda de un puñado de personas corrientes por completo carentes de la cualificación necesaria para el trabajo.
“El humor a menudo puede vehicular la forma más feroz de crítica”, afirma Verbinski acerca de las generosas dosis de comedia hilarante, a ratos muy payasa y casi siempre negrísima, que aderezan lo que en esencia es un inquietante relato de terror tecnológico. “Los chistes son como las gotas de medicina que inyectas en un bombón”. En su transcurso, la película avanza desbordante de energía propia de ‘cartoon’ y a ritmo vertiginoso, entretanto dejando claro al espectador de que absolutamente cualquier cosa puede suceder en cualquiera de sus escenas, ya sea un tiroteo en una escuela, una clonación, unos asesinos enmascarados, una horda de adolescentes zombis y un gato mutante de dimensiones gigantescas que escupe y orina confeti.
Como el largometraje inmediatamente anterior de Verbinski, ‘La cura del bienestar’ (2016), por momentos ‘Buena suerte, pásalo bien y no mueras’ amenaza con quedar aplastada por el peso de su formidable ambición, aunque la habilidad técnica de Verbinski y su talento para construir grandes secuencias de acción –ya lo demostró al frente de las tres primeras entregas de la saga ‘Piratas del Caribe’- se encargan de impedirlo. Igual que buena parte de su cine previo, asimismo, la nueva película es demasiado larga, y ese exceso sabotea claramente su capacidad para generar tensión climática.
Por último, habrá quien acuse a ‘Buena suerte, pásalo bien y no mueras’ de falta de originalidad, y con motivo, puesto que su metraje inserta un puñado de viñetas evocadoras de la serie ‘Black Mirror’ dentro de una peripecia argumental deudora de ficciones de Terry Gilliam como ‘12 monos’ (1995) y ‘Brazil’ (1985) y de títulos como ‘Atrapado en el tiempo’ (1993) -citado de forma explícita en una escena-, ‘La noche de los muertos vivientes’ (1968) y ‘Ready Player One’ (2018). En su defensa, eso sí, cabe decir que precisamente de eso se trata. Considerando que la Inteligencia Artificial es ante todo una máquina de plagiar, incapaz de crear a menos que sea reconfigurando materiales preexistentes, tiene sentido que Verbinski emplee la misma táctica para reírse de ella.
El actor Bill Pullman. / FABIAN SOMMER / EFE
Un genio de luto
El 25 de junio de 1961, el pianista de Bill Evans y su trío ofrecieron en el club neoyorquino Village Vanguard un concierto tan memorable que acabó sirviendo de materia prima para dos de los discos de jazz más memorables de la historia, ‘Sunday at the Village Vanguard’ y ‘Waltz for Debby’. Aunque su primera secuencia es una recreación de esa actuación mítica, eso sí, ‘Everybody Diggs at Bill Evans’ -presentada hoy a concurso en el certamen alemán- prefiere acompañar al legendario músico en los meses inmediatamente posteriores, durante los que permaneció sumido en el duelo por la muerte del bajista Scott LaFaro, miembro de su banda, a causa de un accidente de tráfico.
Dirigida por Grant Gee, la película esquiva buena parte de los clichés que los biopics musicales han convertido en fórmula, pero a cambio no presenta formas alternativas de generar drama. Y, aunque sin duda es una obra llena de estilo, permanece tan centrada en llamarnos la atención acerca de ello que acaba desatendiendo la psicología de su protagonista.
También aspirante al Oso de Oro, ‘Yellow Letters’ cuenta la historia de un matrimonio de celebrados talentos teatrales que, a causa de la campaña de acoso y derribo de la que son objeto por parte de las autoridades de Ankara, no solo pierden su casa y sus empleos sino que se enfrentan a la posible entrada en la cárcel. Mientras contempla la crisis de pareja resultante de la situación, el director turcoalemán Ilker Çatak aporta algunas reflexiones interesantes al conflicto entre la integridad creativa y la necesidad de viabilidad comercial, aunque no tantas como la propia película parece creer. En cualquier caso, exhibe una admirable valentía a la hora de denunciar la ferocidad con la que las autoridades de Turquía persiguen a artistas y académicos que manifiestan opiniones políticas distintas a las suyas.
Suscríbete para seguir leyendo
