La contaminación agrava la desigualdad en las ciudades españolas: los barrios más pobres están expuestos al triple de efectos nocivos

El aire que se respira en las ciudades españolas no es el mismo para todos sino que, según señala un estudio liderado por la plataforma ‘Salud por derecho’, depende en gran medida del código postal. El análisis, publicado este miércoles, afirma que los barrios de menor renta, a menudo situados junto a grandes vías de tráfico, zonas industriales o áreas densamente urbanizadas, concentran niveles de contaminación hasta un tercio más altos que los de sectores más acomodados. Los expertos afirman que las personas con menos recursos enfrentan una «triple amenaza» ya que están más expuestas a hasta un 33% más de contaminantes, son más susceptibles a sus efectos y sufren peores consecuencias para su salud. «El aire mismo se ha convertido en un factor de inequidad social», afirma el trabajo.

El informe afirma que muchas veces los barrios más humildes están situados cerca de cerca de grandes vías de tráfico o zonas industriales y que eso es lo que provoca en origen un aumento de los contaminantes atmosféricos en estas zonas. A esto hay que sumarle factores como las «condiciones de vivienda precarias», «trabajos con menor seguridad laboral», «falta de acceso a servicios sanitarios», falta de espacios verdes y «entornos urbanos que dificultan la movilidad activa» y que hacen que la población más vulnerable tenga menos herramientas para protegerse. La suma de todos estos factores, afirman los expertos que han liderado este trabajo, ha convertido a la calidad del aire no solo en un problema creciente de salud pública sino, además, en algo que profundiza aún más en las desigualdades sociales ya presentes en las grandes ciudades.

El informe señala que los barrios más pobres no solo están más cercas de carreteras y de industrias sino que además carecen de infraestructuras para proteger a la población

El trabajo señala que, a escala europea, la polución de las grandes ciudades sigue causando más de 253.000 muertes prematuras al año y una reducción de hasta dos años en la esperanza de vida de la población. Son varios los informes que señalan que la exposición prolongada a contaminantes como las partículas PM2,5 o el NO₂ se asocia a enfermedades respiratorias, cardiovasculares y metabólicas, problemas en el desarrollo infantil, riesgos de parto prematuro y deterioro de la salud mental. También hay trabajos que estiman que el coste medio de la contaminación asciende a más de 1.200 euros por habitante al año en las ciudades europeas, producto de gastos sanitarios, pérdida de productividad y otros impactos indirectos. De ahí que, según defienden los expertos, la lucha contra la contaminación debería convertirse en una prioridad para los gobiernos.

El coste medio de la contaminación asciende a más de 1.200 euros por habitante al año en las ciudades europeas

Urbanismo como solución

El estudio advierte que las causas de este «peligro ambiental y sanitario» están estrechamente relacionadas con el modelo urbano actual y dinámicas como el «aumento del tráfico motorizado», la «quema de combustibles fósiles en transporte, energía e industria» y, en general, unas ciudades que giran entorno a los coches y no a las personas. Frente a ello, los expertos plantean una reconfiguración radical de las ciudades para, por ejemplo, reducir la dependencia del automóvil privado, ampliar y mejorar el transporte público, priorizar los desplazamientos a pie o en bicicleta y renaturalizar el espacio urbano y asegurar que el verde llegue a todos los barrios. El análisis afirma que estas acciones, además de reducir emisiones, tienen beneficios directos en la salud ya que fomentan la actividad física, reducen el estrés y previenen enfermedades crónicas.

Los expertos piden aplicar medidas para reducir la polución y expandir las zonas verdes en todos los barrios para no aumentar más la brecha social

El informe también subraya que estas políticas urbanas pensadas para reducir la contaminación deben aplicarse de forma homogénea porque, de lo contrario, pueden ahondar aún más en las desigualdades entre barrios. Mejorar solo algunos espacios públicos y dejar atrás otros, afirman los expertos, puede encarecer la vivienda y desplazar a quienes más necesitan de estos entornos saludables. Es por eso que el estudio, impulsado por el investigador Adrián Alonso, aboga por «integrar soluciones accesibles para toda la población» y «asegurar que los beneficios de una ciudad más limpia se distribuyan de manera justa». Todo ello, para lograr que «respirar no sea un privilegio sino un derecho» y para construir «un futuro urbano más saludable y equitativo».

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