Quién era Andrea Castana?

Nacida el 17 de noviembre de 1979, Andrea Castana fue una mujer marcada por el movimiento y la transformación. De la Clínica San Roque de Villa Carlos Paz a Buenos Aires, y de allí, de regreso a las aulas del Instituto Bernardo D´Elía, donde forjó amistades que hoy guardan su memoria como un tesoro.

Fue una mujer que no temía «remarla». Trabajó en panaderías, ferias de artesanos y negocios y se anotó en la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Córdoba, su espíritu inquieto la llevó a abandonar la carrera a la mitad. «No es lo mío», les dijo a sus padres con la honestidad que la caracterizaba.

A los 23 años, el destino se le presentó en una parada de colectivo. Allí conoció a Juan Manuel Lazzaroni. Estuvieron juntos por 12 años, tuvieron a sus hijos, Ona y Mateo, y probaron suerte en Frías, Santiago del Estero. Pero el arraigo fue más fuerte y regresaron a su Carlos Paz natal para fundar una empresa de agua mineral.

Quienes la conocieron de cerca la describen como un ser de una sensibilidad extrema. Andrea no solo habitaba el mundo material; vivía rodeada de ángeles, energías y la filosofía budista. «Me van a tener que matar para sacarme estas pulseras»; solía decir sobre sus adornos traídos de la India, como si sus accesorios fueran amuletos de una identidad innegociable.

En su tiempo libre, Andrea practicaba el sumi-e, una técnica de pintura zen que busca capturar la esencia de las cosas más que su forma. En 2021, su padre Luis encontró un dibujo de Andrea realizado un año antes de su muerte: un árbol hueco con las montañas de fondo. El parecido con el sitio donde fue hallado su cuerpo, en el Cerro de la Cruz, resultó escalofriante.

Según la tradición budista que Andrea tanto estudiaba, existen «señales distantes» que aparecen meses antes de la partida. En retrospectiva, su madre, Alicia Villafañe, reconoce esos indicios. En los meses previos, Andrea comenzó a manifestar deseos específicos vinculados a la muerte: quería ser cremada, pedía música tranquila y sesiones de reiki. Empezó un proceso de desapego que acompañó con ejercicio físico, quería subir al cerro para dejar el cigarrillo.

Lo que nadie imaginó en aquel marzo de 2015 es que «La Flaca», la madre de dos hijos, la artesana de duendes y devota del reiki, estaba escribiendo el guion de su propia despedida.

El 9 de marzo de 2015, dos días antes del crimen, Andrea realizó una llamada desesperada a sus padres, que estaban de vacaciones en Villa Gesell. «Me contó que soñó que se elevaba de su cuerpo, veía a sus hijos en la pieza de al lado y luego volvía a su cuerpo sintiendo que agonizaba»; recuerda Alicia. «Me decía que no podía respirar»; añadió.

El presagio se cumplió de la forma más cruel. Andrea murió tras haber sido abusada sexualmente y asfixiada. En su brazo quedó grabado el mantra Om Mani Padme Hum, la invocación a la compasión, como un sello eterno en su viaje hacia esa «otra frecuencia» de la que tanto hablaba.

Hoy, la sonrisa de la mujer que animaba fiestas vestida de payaso y pintaba el espíritu de los árboles permanece en el recuerdo de una ciudad que aún busca justicia, mientras su alma, fluye en la corriente infinita de la vida y la muerte.

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