De forma brillante, gustándose y con un fútbol vertiginoso… Así se cenó en la noche de este viernes el Villarreal CF a la Real Sociedad (3-1) para recuperar la tercera posición en LaLiga. Hasta que el Atlético de Madrid visite el Bernabéu en el derbi de la capital en el partido que cerrará la 29ª jornada, el conjunto de Marcelino García Toral se afianza entre la nobleza de la Primera División tras destrozar en 23 minutos al conjunto donostiarra para dar un paso de gigante a su regreso a la Champions.
El empate in extremis en Vitoria, de la forma en la que se produjo, era un aviso a navegantes en el seno amarillo. La poca intensidad y la forma en la que se logró igualar el choque, en el minuto 98, obligaban al conjunto de la Plana Baixa a dar un paso al frente en su regreso al Estadio de la Cerámica, donde se esperaba conseguir la cuarta victoria consecutiva desde que el Real Madrid se impusiera en el feudo groguet a finales de enero.
Era fundamental aprovechar el viento a favor del calendario en esta recta final del campeonato, especialmente como local.
Es por ello que Marcelino dispuso a un once de gala, sin el lesionado Foyth pero con una estrela emergente como es el Xiquet de la Vilavella, Pau Navarro, que está emulando a su tocayo Torres, ahora en el Aston Villa, erigiéndose como un defensa de presente y de futuro ‘made in Miralcamp’.
Un equipo sostenido por un doble pivote de primer nivel como Pape Gueye-Santi Comesaña, con Nico Pepe en banda derecha del ataque, Moleiro por la izquierda y el regreso de Gerard Moreno al equipo titular, para hacer dupla ofensiva con Mikautadze. Sin duda alguna, los ingredientes eran óptimos para lucirse.
Arreón inicial
Y bien que lo hizo el Submarino. En 23 minutos el partido ya estaba visto para sentencia. La actitud e intensidad de los amarillos fue la opuesta a la de Mendizorroza y muy pronto se notó. Fue en una jugada de estrategia, en el minuto 8, cuando Comesaña, a la salida de un córner, tocó de espuela sutilmente para que Gerard Moreno anotara de cabeza el 1-0.
Un gol que enchufó más al equipo y a la grada, y que obligaba a la Real Sociedad a estirar líneas y cambiar su guion inicial.
Los donostiarras cayeron en la trampa mortal grogueta, ya que cada robo de balón y cada transición se convirtieron en contragolpes letales. De hecho, en el 15 Mikautadze aprovechaba el rechace del meta Remiro a un mano a mano con Gerard para fusilar a puerta vacía y hacer el 2-0.
Y ocho minutos más tarde, en el 23, llegaba la sentencia. Primero una doble ocasión que perdonaron Moleiro y Mikautadze en sendas contras. Hasta que llegó el 3-0 que mataba el partido, en otra transición que, tras pase del georgiano, Nico Pepe colocaba de zurda a gol.
La Cerámica era una fiesta, el partido parecía estar sentenciado e incluso el propio Pepe estrellaba un trallazo a la cruceta. Todo era felicidad hasta que, en la contra previa al descanso, Oyarzabal se plantaba solo ante Luiz Júnior, quien evitaba que la Real se metiera en el partido en el primer acto.
Susto, incertidumbre y final
Sí que se metieron los vascos en el partido al poco de comenzar la segunda parte, ya que Sucic, en el 47, aprovechara un error de entendimiento entre Renato Veiga y Luiz Júnior para marcar a puerta vacía tras tocar en Gueye.
El 3-1 hacía saltar las alarmas y ponía incertidumbre en la grada. De nuevo, el Submarino tuvo ese bache en las segundas partes en las que le da vida al rival. Más si cabe con las ocasiones clarísimas falladas por Mikautadze y Pepe. Por fortuna, no hubo que lamentarlas. El Villarreal gustó, ganó con justicia y regresa a la tercera plaza.
