Un niño dejó sus huellas en una cuenta de arcilla hace 12.000 años

Una diminuta cuenta de arcilla con forma de mariposa, teñida con ocre rojo, conservó durante doce milenios la huella de un niño de unos 10 años de edad. El hallazgo, realizado en yacimientos natufienses del actual Israel, aporta una prueba excepcional sobre la participación infantil en la producción simbólica de la Prehistoria.

Más allá de la particularidad de la pieza hallada, el estudio publicado en la revista Science Advances también obliga a revisar la idea de que la arcilla empezó a usarse con fines simbólicos recién con la irrupción de la agricultura y la cerámica. Según el equipo internacional de investigadores, estos adornos fueron fabricados unos 15.000 años atrás, en comunidades cazadoras-recolectoras ya sedentarias.

Toda la comunidad implicada en la producción cultural

La investigación reunió 142 cuentas y colgantes de arcilla hallados en cuatro sitios del actual Israel (el-Wad, Nahal Oren, Hayonim y Eynan-Mallaha) ocupados a lo largo de más de tres milenios. Las piezas eran pequeñas, aptas para caber en la palma de la mano, y fueron modeladas sin cocción, en formas de cilindros, discos y elipses. Una gran parte de ellas estaban cubiertas con una capa de ocre rojo aplicada con una técnica conocida como engobe, considerada por los autores como el uso más antiguo identificado hasta el momento de ese procedimiento a nivel global.

Quizás el detalle más llamativo no está en el tamaño ni en el color, sino en la superficie. Los investigadores localizaron 50 huellas dactilares preservadas, suficientes para reconocer que intervinieron personas de distintas edades: niños, adolescentes y adultos.

Según una nota de prensa, de trata de la primera vez que se puede identificar de manera directa a los fabricantes de estos ornamentos paleolíticos, y también el mayor conjunto de huellas de ese período documentado hasta hoy. Los científicos hallaron incluso un anillo de arcilla diminuto, de apenas 10 milímetros, que sugiere una posible confección pensada para manos infantiles.

Los niños y la identidad colectiva doce milenios atrás

Todos estos datos sugieren que la producción de ornamentos no fue una actividad marginal ni un experimento aislado, sino una práctica compartida y sostenida, por lo menos desde hace más de diez milenios. Los especialistas interpretan que fabricar y usar estas piezas pudo servir para aprender por imitación, transmitir valores sociales y reforzar vínculos dentro de las primeras aldeas permanentes del Levante prehistórico. En otras palabras, la arcilla no solo funcionó como materia prima, sino que también actuó como soporte de identidad, pertenencia y comunicación visual.

La dimensión simbólica del hallazgo es muy importante: durante décadas, la arqueología asoció el uso cultural de la arcilla en el suroeste asiático con el Neolítico, la agricultura y la cerámica. Este trabajo desplaza ese origen hacia atrás en el tiempo y lo sitúa en los primeros pasos de las sociedades sedentarias, cuando aún predominaban la caza y la recolección.

Esto significa que en ese momento ya se estaban produciendo cambios sociales y cognitivos profundos, y que las raíces del Neolítico son más antiguas de aquello que se pensaba. La cuenta con huellas infantiles, entonces, no es solo un objeto: es la prueba concreta de que, hace 12.000 años, incluso los niños participaban en la construcción material de la identidad colectiva.

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