Entre la primera tomá, levantando por vez primera un pregón engarzado exclusivamente en el arte literario del verso, y el Viva Jesús por Siempre como colofón definitivo, Jaime Verdú narró, con una poesía eterna, las emociones y los elementos autóctonos de una Semana Santa inconfundible en Lucena.
Con un protagonismo prominente de la santería, ante el Cristo de la Salud y Misericordia, secuenció horquillos entre la trascendencia sentimental y maternal de las Dolorosas y el fervor y la relevancia cristífera en las catequesis públicas.
“A esta tierra esculpía por saetas; y varales, entre tronos y santeros; que cargan en hombros la Santa Semana”, clamó el pregonero, después de asimilar una presentación inolvidable pronunciada por su propio hijo, Jaime Verdú Martín.
Entre la melodía imponente de la Sociedad Didáctico-Musical Banda de Música de Lucena, rogaba sentirse santero: “¡Manijero, dame un horquillo; solo un horquillo quiero; y sacar al Señor; como mi hermano y abuelo!».
José Guerrero, viudo de Teresa Botella, y Antonio Díaz, presidente de la Agrupación de Cofradías. / Manuel González
En San Mateo
Desde el atril del templo parroquial de San Mateo, en otro pasaje, invitaba a caminar al cofrade “para sentir el temblor de Lucena; en Llanete nocturno y nazareno”. Con referencias a la Virgen de Araceli, y siempre encumbrando a la Esperanza, despertó la Madrugá “de una Capilla de rezos y amor; que teje y desteje salidas y encierros”.
En la previa del pregón, la Agrupación de Cofradías entregó, a título póstumo, el Premio Cofrade Manolo Ramírez 2026 a Teresa Botella, a título póstumo, y recogido por su viudo, José Guerrero.
