La cigüeña blanca vive un momento sumamente delicado en España. El censo nacional realizado en la primavera de 2025 ha revelado un alarmante retroceso en la población de esa especie. Los datos, recopilados por SEO/BirdLife, señalan que el número de parejas reproductoras ha vuelto a niveles similares a los registrados hace dos décadas, tras un preocupante descenso del 20% respecto al último gran conteo de 2014. Este cambio de tendencia, después de décadas de crecimiento continuado, sitúa a una de las aves más icónicas del paisaje ibérico en una encrucijada, con descensos particularmente acusados en regiones históricamente clave para la especie.
El censo, fruto del trabajo de campo de cientos de voluntarios y grupos locales que revisaron miles de localidades, arroja una cifra actual de entre 33.500 y 34.000 nidos o parejas. Esta cifra es muy similar a la obtenida en 2004 (33.217 parejas), pero contrasta marcadamente con la estimación de 42.000 parejas calculada una década después.
«En un contexto de cambio global una de nuestras aves más comunes se presenta como un buen indicador de nuestra biodiversidad. La actividad humana y el cambio climático moldean los comportamientos y las poblaciones de esta ave venerada por el hombre desde hace siglos», subraya Blas Molina, técnico de SEO/BiidLife. La organización alerta de que es necesario estar atentos a sus tendencias en las próximas décadas.
Cierre de basureros y vertederos
El panorama no es homogéneo en todo el territorio. Mientras comunidades como Castilla y León mantienen una población estable y la Comunidad de Madrid registra un récord histórico de 2.500 parejas, otras sufren pérdidas dramáticas. Extremadura, uno de los baluartes tradicionales de la cigüeña blanca, ha perdido más de 2.500 nidos. Navarra también muestra un declive pronunciado.
Una cigüeña en pleno vuelo. / Pixabay
A escala peninsular, si se suman los datos de Portugal (14.421 parejas), la población ibérica se acerca a las 50.000 parejas, lo que consolida a este territorio como el principal núcleo para la población occidental de la especie en Europa. Los expertos de SEO/BirdLife, que aún ultiman el análisis detallado, apuntan a un conjunto interrelacionado de factores humanos detrás de este declive.
Uno de los más significativos es el cierre progresivo de basureros a cielo abierto y vertederos. Estos lugares habían funcionado como una fuente de alimentación masiva y constante, atrayendo y sosteniendo colonias enteras. Su clausura ha provocado la desaparición de algunas de estas agrupaciones, como ha ocurrido de manera evidente en Extremadura.
Muertes por intoxicación
Sin embargo, esta dependencia también tiene un lado negativo: la alimentación en basureros provoca muertes por intoxicación o por ingestión de materiales como cuerdas y gomas, y convierte a las cigüeñas en vectores de transporte de plásticos hacia espacios naturales.
La situación de la población madrileña es un claro ejemplo de esta dualidad: su crecimiento récord está ligado a los grandes vertederos de la región, mientras que en Alcalá de Henares, donde se cerró el vertedero, los números siguen en descenso.
Dos ejemplares de cigüeña blanca. / Pixabay
Paralelamente, la transformación del sector agrario representa otra amenaza de calado. La intensificación agrícola, la reducción de la ganadería extensiva y la sustitución de cultivos de regadío tradicionales por leñosos intensivos (como frutales o viñedos) implican una drástica disminución de los hábitats de alimentación ideales para la cigüeña, como pastizales y campos abiertos con baja vegetación.
Retirada de nidos
Un tercer factor, más localizado pero con un impacto cultural significativo, es la retirada de nidos. Aunque se realizan actuaciones legítimas para evitar riesgos en tendidos eléctricos, SEO/BirdLife alerta de que en muchas ocasiones los nidos son eliminados sin justificación, incluso fuera del periodo legal permitido o al inicio de la reproducción. Esta práctica, unida a obras de rehabilitación en edificios históricos, está haciendo desaparecer colonias urbanas emblemáticas.
El caso más llamativo es el del casco histórico de Cáceres, que ha pasado de albergar alrededor de 180 nidos a tener apenas uno o dos activos. «Así, está desapareciendo un elemento más del patrimonio de algunos pueblos, donde se retiran nidos de iglesias, ermitas y otros monumentos», señala el análisis de la organización. Provincias como Zamora y Navarra muestran un desplazamiento de las colonias desde zonas urbanas hacia sotos, riberas y arboledas.
Cambio climático
Además de estas presiones directas, los expertos observan un cambio en el patrón de distribución de la especie, posiblemente influenciado por el cambio climático. Mientras las poblaciones del centro y suroeste peninsular decaen, se registran incrementos notables en regiones del norte como Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco, donde antes la presencia era testimonial. Este desplazamiento hacia latitudes más norteñas replica una tendencia observada en el resto de Europa, con expansiones hacia el noreste.
Una cigüeña blanca y su cría en el nido. / Pixabay
Otros riesgos persistentes son las colisiones con tendidos eléctricos –donde la especie instala un número importante de nidos– y las amenazas en sus zonas de invernada en África, especialmente en la región del Sahel, donde sufren los efectos de las sequías y, en algunos casos, de la caza ilegal.
A pesar del descenso, el papel de España sigue siendo crucial para la conservación de la cigüeña blanca a escala continental. «No podemos perder de vista a especies como la cigüeña blanca en la que España juega un importante papel al ser la población más importante del suroeste europeo», concluye Blas Molina.
