Belgrano, el gran capitán

El jueves 12 de febrero, el Club Atlético Belgrano organizó la actividad «Capitanías», como ocurre cada año. En ella, se les entrega la cinta a los y las capitanas de primera división y de todas las inferiores del pirata celeste de Alberdi, desde la reserva hasta la categoría 2018 (nenes de 7 años).

Y como cada año, tuve el honor de que me pidieran que me llegue hasta el predio Armando Pérez, en Villa Esquiú, para darles una charla a los y las jugadoras sobre alguna faceta de Manuel Belgrano, el prócer que da nombre al club.

Este año, la cinta de capitán de todas las divisiones masculinas tiene (como siempre) la cara de Manuel Belgrano y la frase: «El equipo antes que el hombre». En el caso de las divisiones femeninas, la cinta tiene, además de a Belgrano, a Juana Azurduy y a María Remedios del Valle, y una frase: «La mujer en todo ideal».

«El equipo antes que el hombre» porque uno de los grandes legados de Manuel Belgrano es su pensamiento social, político y comunitario. Él era el más inteligente, el más preparado de todos, había estudiado en Salamanca y Valladolid y había sido mejor promedio de su promoción. Era también el más íntegro y honesto, sin dudas, el capitán que debía conducir la Revolución de Mayo. Sin embargo, ni siquiera él, siendo el mejor de todos, podría haber hecho esa revolución solo. Necesitaba un equipo, y la Primera Junta fue eso: un equipo.

Pero en todo equipo tiene que haber un poco de todo. No se puede hacer un equipo con 11 arqueros, ni con 11 defensores, ni con 11 mediocampistas, ni con 11 delanteros. Necesitás distintas funciones y características. Por eso, en aquel equipo teníamos dos militares, fundamentales en toda revolución: Cornelio Saavedra y Miguel de Azcuénaga. También había dos empresarios del comercio, de los verdaderos empresarios que arriesgan capital y generan trabajo: Domingo Matheu y Juan Larrea. Un cura, porque siempre es bueno tener una pata en la Iglesia: Manuel Alberti. Y, finalmente, un mediocampo de locura, de esas formaciones que salen de memoria: Moreno, Castelli y Paso. Mariano Moreno era el distinto, era un talentoso, como el «Chino» Zelarrayán en el equipo actual; Juan José Castelli era primo de Belgrano y podría compararse al «Mudo» Vázquez, en el medio, elegante, asistiendo y distribuyendo juego; y Juan José Paso era uno que hacía toda la banda, una rueda de auxilio a lo Rigoni. Belgrano era el gran capitán, como lo es desde hace cinco años Fabián «Luifa» Artime.

Lejos de frivolizar la historia, lo que intento con esto es acercarla a las nuevas generaciones, bajarla a tierra y mostrar que, cada uno de nosotros, en nuestro lugar, podemos ser un Belgrano, un Castelli, un Moreno. Y uso los nombres de los jugadores del CAB porque fue este club quien me invitó a hablarles a sus jugadores y jugadoras, porque es este club el que más trabaja las cuestiones vinculadas a la cultura, nunca ajenas al fútbol. Perfectamente, se podría hacer el mismo ejercicio con Talleres, Instituto o cualquier otro club. Ojalá la dirigencia del fútbol tuviera la amplitud mental para reconocer la potencialidad de este juego maravilloso, que tantas veces sirve para alienar cabezas, pero que también puede servir para despertar conciencias.

Hablarle hoy a un pibe o una piba de 14, 15 o 16 años de Patria, de historia o de próceres, quizá sea difícil, les quede muy lejos. Pero si les hacés entender que Patria es vestuario, es equipo, es mística, se te abre una puerta increíble. Lo mismo, si tenemos que valorar lo que hicieron nuestros grandes hombres y mujeres. Mirándolos a la cara a los jugadores de Belgrano, les pregunté cuánto puede durar la carrera de ellos. ¿10, 15 años? Quizá 20 años como la del «Luifa», que estaba al lado mío. Pero él era un animal, una excepción a la regla, tanto en lo físico como en lo mental. También lo tenía al lado al «Chino», que lleva 14 años en primera, y al «Licha» López, que lleva 15. Y a los dos les queda cuerda, están en su mejor momento. Esa comparación nos ayuda a dimensionar que Manuel Belgrano hizo su «carrera» en 10 años, si tomamos como extremos la Revolución de Mayo de 1810 y su muerte en 1820. Pero su actividad más fuerte fue en cinco años, desde 1810 hasta 1815. Y si me apuran un poquito, sus grandes logros los consiguió en un año: desde febrero de 1812 con la creación de la Bandera Argentina, pasando por el Éxodo Jujeño en agosto, la Batalla de Tucumán en setiembre, hasta la Batalla de Salta en febrero de 1820. Todo en apenas un año. A veces, uno se prepara toda la vida para su momento, para explotar y dar el máximo en un año. A lo mejor el 2026 sea el año del «Chino», del «Licha», del «Mudo»… de Belgrano.

Juana y María Remedios

¿Y a las chicas, qué les dije? Antes que nada, de dónde viene la frase que llevarán durante todo el año en el brazo las capitanas: «La mujer en todo ideal». Viene de una frase más larga de Juana Azurduy, que les disparaba en la cara a sus compañeros varones: «¿Qué justicia proclaman ustedes si siguen esclavizando y excluyendo a la mujer de todo ideal?» Una frase adecuada, en un mundo como el del fútbol, que sigue siendo «machista», aunque menos que antes.

Juana Azurduy también hizo una «carrera» de 10 años, porque fueron los años de su vida que entregó a la Patria. Y no solo entregó 10 años, entregó también la vida de su esposo y de cuatro de sus cinco hijos. El 3 de marzo de 1816, ella fue la capitana de 300 hombres que vencieron a los realistas en la Batalla de Villar. Gracias a esa gesta, pudimos declarar la Independencia el 9 de julio en Tucumán. Las jugadoras de Belgrano tuvieron su 3 de marzo, fue el 14 de diciembre de 2025 cuando le ganaron la final del campeonato a Racing y llevaron al club a su primera estrella. Después le ganaron la finalísima anual a Newells Old Boys y clasificaron para la Copa Libertadores de América. «Vos, Colo, sos Juana Azurduy»; le dije entonces a Victoria Arrietto, la capitana de las campeonas. «Y vos, Agustina (Sánchez, la subcapitana), sos María Remedios del Valle». Aquella negra de San Telmo que peleó con Belgrano en las batallas de Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma. Fue tomada prisionera por los realistas, la torturaron y ella escapó. Pero no se fue a su casa, volvió con Belgrano, quien la hizo capitana del Ejército del Norte. Sin embargo, el título que más le gustaba era el que le habían puesto los soldados rasos: «Madre de la Patria».

Los chicos y las chicas de todas las divisiones abrían los ojos y los oídos, prestando atención y participando con sus miradas encendidas, incluidos los capitanes y capitanas de la primera. Fue una actividad maravillosa, esperanzadora.

Porque como en un equipo, en un país somos todos y todas diferentes, y necesitamos esa diversidad. Tenemos a un José de San Martín, que era descendiente de españoles, a un Manuel Belgrano que era descendiente de italianos, a una Juana Azurduy, india, y a una María Remedios del Valle, afro. Eso es Argentina, eso somos: mujeres, hombres, descendientes de inmigrantes europeos, pero también originarios y afrodescendientes. Todo eso somos y esa diversidad nos enriquece, nos hace más fuertes. Como un equipo. Ni más, ni menos.

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