«Estamos ante una gran ruptura parecida a la Revolución Francesa»

Joan Romero (Albacete, 1953) recibe en el hall de la Facultad de Geografía e Historia de València, su casa desde hace más de medio siglo. Justo se cumplen 50 años de sus primeras clases como profesor universitario. Y sigue ejerciendo. Ahora como catedrático emérito. Sobre la mesa del despacho están los últimos trabajos que ha corregido del grado de Ciencia Política. Muestra algunos con orgullo. Y admiración. Como el de la chica de 20 años a la que ha dado la mejor nota: trabaja durante el día y se levanta de madrugada para estudiar. Romero, miembro del comité editorial de Levante-EMV e intelectual de referencia en la Comunitat Valenciana, ha sido noticia por donar 30.000 euros a la Universitat de València para financiar tres becas para alumnos con pocos recursos.

¿Financiar estas becas es una manera también de decir que algo no va como debería en la universidad pública?

La decisión tiene dos planos. El primero es una forma de agradecimiento porque la vida me ha tratado muy bien. Quise ser profesor desde niño y fue posible porque tuve una beca salario. La segunda razón es porque en los últimos años veo que alumnos muy brillantes empiezan a tener dificultades para seguir una vez que acaban el grado. Ahora la brecha ya no es entre tener bachillerato o FP y un grado, sino entre tener el máster o no. Estoy en una fase vital en la que voy cerrando carpetas y se me ocurrió que la mejor forma de devolver algo era esta. Es una forma de reconocer que he tenido la suerte de una vida plena, que es algo más que una vida llena.

¿Está en crisis la universidad pública?

Está en un momento crítico. Es una institución medieval, pero la historia y los cambios sociales se han acelerado tanto que a estas instituciones, grandes transatlánticos, les cuesta mucho virar y adaptarse a los cambios. Han aparecido dos elementos que obligan a adaptar la institución. Uno tiene que ver con las nuevas tecnologías y los procesos de precarización en el mercado de trabajo. El otro es que los grandes poderes actuales han identificado dos grandes adversarios: los periodistas y los universitarios.

Joan Romero, en su despacho. / JM LOPEZ

¿La universidad privada ha ido estrechando también el espacio de la pública?

La enseñanza universitaria nunca debería ser mercantilizada, pero lo está siendo. Estamos en un modelo con dos vías: las élites han encontrado sus mecanismos de avance en la esfera privada y el resto circula por la otra vía. El ascensor social ahora tiene dos tipos: el ascensor clásico y el montacargas. Hay gente muy buena de clase trabajadora que solo puede subir al montacargas, aunque sean mejores que muchos de los que se pueden comprar un título en la universidad privada.

¿Es probable que tras la pandemia haya existido una conciencia colectiva sobre la importancia de la sanidad pública que no se ha dado con la educación?

Es posible que la educación, que es el valor más democrático que existe, todavía no despierte esa preocupación.

«España cometió un error estratégico al apostar por la alta velocidad a costa de la media distancia y las Cercanías»

El tema candente hoy es la movilidad tras el accidente en Adamuz. ¿Qué le parece lo que sucede con los ferrocarriles? ¿Es sintomático de un país gripado?

España cometió un error estratégico al apostar por la alta velocidad asociada a la modernidad a costa de dejar de invertir en la media distancia y las Cercanías. Se han dedicado casi 70.000 millones de euros a la alta velocidad. Mientras, la estructura de media distancia se ha empequeñecido y hay espacios de la España intermedia que han perdido su conexión. A esa decisión se le asocia un nivel de despilfarro de recursos públicos extraordinario.

¿A qué se refiere?

Despilfarro es el mal uso de recursos públicos dentro de la legalidad. Tenemos sistemas de movilidad metropolitana con un 20 % más de población pero que están igual que hace 20 años. Las administraciones deberían ocuparse de esto con rapidez. Si tuviera 10 euros, pondría 7 en potenciar la movilidad metropolitana y 3 al mantenimiento de la alta velocidad 18. Si el sistema donde se mueve la gente no funciona, es una grandísima fuente de malestar social que se traduce en desafección hacia los poderes públicos.

Manos de Joan Romero, durante la entrevista. / JM LOPEZ

En Valencia tenemos metros llenos con frecuencias escasas, atascos casi diarios y Cercanías que fallan. ¿Urge una concepción metropolitana de la movilidad?

Urge un plan director metropolitano. En España solo Barcelona tiene una estructura de área metropolitana; en el resto de Europa este asunto está cubierto desde los años 70. Somos una anomalía. En la agenda metropolitana europea hay prioridades claras: vivienda y movilidad. Debemos abordarlo porque arrastramos un déficit de inversión desde 2008. En la gran recesión fue más fácil recortar en inversiones. En Valencia lo hemos visto con el plan de infraestructuras hidráulicas, que se frenó, y ahora se han comprobado las consecuencias con la dana.

«La dana debería ser aprovechada para dar un paso decisivo en la mirada metropolitana»

Pero la experiencia metropolitana anterior no funcionó. Este tipo de estructuras derivan en gobiernos paralelos en ocasiones.

Estoy de acuerdo en que estructuras anteriores, como el Consell Metropolità de l’Horta, dejaron dudas de ser «chiringuitos». Curiosamente, se disolvió el mismo año que Francia dio el salto hacia la visión metropolitana. España es una anomalía en Europa. Por eso, la dana debería ser aprovechada para que los actores públicos y privados dieran un paso decisivo en la incorporación de la mirada metropolitana. Hay condiciones para subir un peldaño. Necesitamos un gran mapa del área metropolitana con varias capas superpuestas: cuánta gente se mueve, qué suelo público hay, mapas de inundación y propuestas de inversión. Mi sueño es contribuir a que eso sea posible. Con el Botànic se quedaron en el cajón planes metropolitanos ya redactados. Fue una pena y una ocasión perdida. No se pudo o no se quiso…

¿Ve una Comunitat Valenciana diferente tras la dimisión de Carlos Mazón?

No creo que se haya producido un cambio sustancial. Veo una diferencia en otro plano: Cataluña y Euskadi siempre votan diferente, pero en la Comunitat Valenciana hay un elemento diferencial que es Compromís. Imagino un mapa de España predominantemente azul y verde en 2027, salvo Cataluña, Euskadi y quizá la Comunitat Valenciana. Si los partidos de centroizquierda hacen su trabajo, la Generalitat podría no quedar en manos de PP y Vox en 2027.

«El PSOE debe presentar candidaturas que respondan a los intereses de la población y no solo de Ferraz»

¿Qué es eso de hacer bien su trabajo la izquierda?

Significa mantener y reforzar la marca Compromís, que ofrece un espacio político para votantes descontentos con el PSOE. Y el PSOE debe presentar candidaturas que respondan a los intereses de la población y no solo de Ferraz. Por separado es imposible, pero juntas tienen opción de disputar el espacio a PP y Vox. En este sentido, me gustaría también que el nuevo president de la Generalitat adoptara una posición de defensa de lo nuestro en lugar de seguir las directrices de su partido desde Madrid. Podría autoafirmarse aceptando el modelo de financiación que se nos ofrece.

¿Hay un fracaso del modelo autonómico? Porque estamos viendo que en la C. Valenciana y en la gran mayoría impera el criterio de los grandes partidos desde Madrid.

El modelo ideal para España es en clave federalizante, pero faltan instituciones de coordinación potentes y cometimos el error de no contar con un Senado federal. Hemos avanzado en autogobierno, pero casi nada en gobierno compartido, porque se sigue teniendo una visión muy radial desde Madrid. No imagino un escenario recentralizador porque España no lo toleraría; incluso las regiones con baja identidad conformaron la suya. Recentralizar no es una alternativa.

Sin embargo, el voto a Vox crece en cada convocatoria, un partido que abomina de las autonomías.

Sobre el voto a Vox, habría que ver cuánto hay de malestar difuso contra los partidos sistémicos más que de apoyo a una idea de España.

«Existe espacio para una vía alternativa como la portuguesa, pero alguien tendría que salir de la trinchera y ofrecer esa opción»

¿Es el momento de ensayar alianzas entre moderados de derecha e izquierda o en España no es viable?

La vía de la polarización extrema de los grandes partidos es irresponsable porque allana el camino a la extrema derecha. Existe espacio para una vía alternativa como la portuguesa, pero alguien tendría que salir de la trinchera y ofrecer esa opción. Creo que no nos terminamos de dar cuenta de la situación. La extrema derecha española forma parte de una revolución política global encabezada por Trump. El informe de la Conferencia de Seguridad de Munich de 2026 utiliza el término «demolición» para describir esta estrategia para América Latina y Europa. Trump ha decidido apoyar con dinero a partidos vinculados a su agenda en Europa, desde Abascal hasta Hungría. Se trata de descomponer la Unión Europea y Vox está conectado con esta estrategia global de demolición. Si el PP y el PSOE fueran conscientes, podrían alcanzar acuerdos básicos en materia de vivienda y movilidad.

¿Qué líder debería empezar?

Quien tenga más poder debería dar el primer paso.

«El adversario fundamental de las grandes tecnológicas es la democracia»

¿Hay que asumir que la ola autoritaria se va a imponer y empezar a organizar el día después o cree posible la resistencia democrática?

Estamos ante una revolución política global y no sabemos cuándo acabará. Los aliados de Trump son actores geopolíticos globales: las grandes tecnológicas, cuyo adversario fundamental es la democracia. Pero todavía es posible reconducir la situación en Europa, como muestra la lección de Portugal con el apoyo del presidente conservador al candidato socialista. Es posible parar democráticamente esta revolución política. Si no, no sé cómo acabará.

¿Quién manda más: los tecnoligarcas o los gobernantes autoritarios?

Los tecnoligarcas han decidido ocupar el gobierno, no solo influir desde fuera.

Joan Romero, en la Facultad de Geografía. / JM LOPEZ

También se adueñan de medios como The Washington Post y los desmantelan.

Sois sus adversarios. Nixon ya dijo en los años 70 que los enemigos eran los periodistas y los profesores y Trump admira a Nixon. Las grandes tecnológicas intentan controlar el sistema desde dentro o por la vía de la colonización de las mentes. Estamos ante una gran ruptura histórica equiparable a 1945 o 1989. Este momento pasará a los libros de Historia: es una situación parecida a la Revolución Francesa, una gran ruptura.

Con posibilidad de reversión aún, según decía, ¿no?

Si los partidos sistémicos abandonaran la polarización extrema, podrían darle la vuelta a la situación. El malestar difuso es similar en porcentaje (en torno al 20 %) al de 2015, cuando irrumpió Podemos, pero ahora la extrema derecha forma parte de una operación global que no está en nuestras manos. Juegan en otra liga, financiada desde fuera y controlando redes sociales.

«Es necesaria una gran alianza entre la comunidad científica y los medios tradicionales»

¿Las redes sociales son entonces una fuente de distorsión? ¿La verdad ha dejado de valer como herramienta política?

En las últimas elecciones alemanas, Alternativa por Alemania dedicó el 70 % de su presupuesto a redes sociales. Las redes son un elemento distorsionador que busca dejar a un lado a periodistas y centros de pensamiento. Es necesaria una gran alianza entre la comunidad científica y los medios tradicionales. Esto no es una lógica de izquierda o derecha ya, sino de democracia y de Unión Europea. El sueño de Trump y Putin es vaciar la Unión Europea desde dentro, teniendo a Hungría como estación término. Si no ratificamos acuerdos como el de Mercosur o con la India, nadie pactará nada con nosotros y eso será la puntilla de la Unión. Este es el tablero real.

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