El escritor Vidal Mario elogió el memorial de Ernesto Sábato

El Parque Estancia La Quinta, en Villa Carlos Paz, se ha consolidado no solo como un pulmón verde de la ciudad, sino como un epicentro de la memoria cultural argentina. Allí, desde el pasado noviembre, una obra escultórica se erige como un faro: el memorial dedicado a Ernesto Sábato.

Este fin de semana pasado, este sitio recibió la visita de una voz ineludible de nuestras letras y el periodismo regional: el escritor paraguayo-argentino Vidal Mario, quien llegó a estas tierras cordobesas para rendir homenaje a quien fuera, sin saberlo, el arquitecto de su propio destino literario.

La figura de Sábato, ese hombre de ciencias convertido en el demiurgo de la angustia existencial rioplatense, parece cobrar una nueva dimensión en este espacio serrano. Al recorrer el memorial, Vidal Mario se detuvo ante la escultura con la parsimonia de quien visita a un viejo maestro. Sus palabras fueron un elogio preciso, despojado de ornamentos innecesarios, centrado en la trascendencia: «Sábato dejó un legado de una magnitud incalculable en esta ciudad. No se trata solo de piedra y bronce; se trata de una ética de la palabra que aquí, en Carlos Paz, ha encontrado un santuario».

Para Vidal Mario, sin embargo, la visita no se limitó a la apreciación estética. Fue un viaje de retorno a la génesis de su propia vocación. Mientras observaba la estructura, el periodista compartió una anécdota que ilumina la magia —a veces cruel, a veces redentora— de la literatura. Contó que, durante su infancia, en un entorno de carencias y horizonte limitado, el azar le tendió una emboscada transformadora: en un basural, entre el desecho y el olvido, encontró un ejemplar maltratado de El Túnel.

Ese libro, rescatado del fango, se convirtió en su primer contacto con el abismo. Al leer las obsesiones de Juan Pablo Castel, ese niño Vidal no solo descubrió una historia; descubrió una posibilidad. «En ese momento, entre la basura, me dije: ojalá yo pudiera escribir como Sábato», confesó ante los presentes. Aquel deseo, formulado en la precariedad de la niñez, se convirtió en el motor de una carrera que hoy lo posiciona como uno de los autores más lúcidos en la recuperación de la historia regional.

La obra escultórica

La obra escultórica en La Quinta no solo recuerda al autor de Sobre héroes y tumbas, sino que dialoga con los transeúntes, obligándolos a detenerse en una época donde la prisa suele devorar la reflexión. Vidal Mario destacó cómo el memorial logra capturar esa dualidad del escritor: el hombre que miraba de frente la oscuridad para intentar comprenderla, pero que siempre terminaba apostando por la esperanza. Para el autor de El Nerón del Paraguay, este reconocimiento en Villa Carlos Paz es un acto de justicia poética que vincula a Sábato con las geografías que, aunque no fueron su casa natal, lo adoptaron como un referente moral insustituible.

La visita de Mario a la villa serrana es un preámbulo a otro movimiento fundamental en su agenda. Tras este acto de introspección y memoria, el escritor emprende camino hacia Asunción, su tierra de origen, con el propósito de presentar su más reciente trabajo, El Nerón del Paraguay. Esta obra, que profundiza en las zonas más oscuras y complejas de la historiografía guaraní, guarda un hilo invisible con su encuentro en Carlos Paz. Al igual que cuando rescató aquel El Túnel del basural, Vidal Mario sigue empeñado en hurgar en los rincones olvidados, en rescatar del polvo aquello que nos define como sociedad.

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