Carmen Maura, en el Festival de Cine de Málaga: Cambio una buena crítica por seis entradas vendidas

A sus más de cinco décadas de carrera, Carmen Maura sigue hablando de cine con la misma mezcla de ironía, franqueza y pasión que la convirtió en una de las grandes figuras del cine español. La actriz afronta ahora un momento especialmente activo: el éxito internacional de su última película, ‘Calle Málaga’, una participación en la segunda temporada de ‘Furia’ y una etapa en la que, asegura, quiere trabajar menos, pero elegir mejor.

“Parece que esta película va a ser de las que más dinero den”, dice sin rodeos. “Y para mí es importantísimo que sea negocio. Si una película funciona, se hacen más. A mí me gusta muchísimo más que la gente compre entradas y vaya al cine que todas las críticas del mundo”. La actriz reconoce que está viviendo el impacto del éxito de una forma particularmente inmediata. “En otras películas el éxito era más lento. Aquí enseguida me llaman de todas partes para promocionarla porque la han comprado. Y cuando se estrene en Madrid me enteraré muy rápido de si a la gente le gusta o no: me lo dicen por la calle”.

Maura define ‘Calle Málaga’ como uno de los rodajes más duros de su carrera, en gran parte por el método de trabajo de la directora. “Es muy exigente. Muy insistente. Repetíamos y repetíamos, metros y metros de película”, recuerda entre risas. Acostumbrada a los tiempos en los que rodar en celuloide obligaba a economizar cada toma, la actriz admite que el rodaje fue intenso. “He deseado tanto que volviera la película cara, como antes, cuando no se podía repetir tanto. Ahora se hacen muchas tomas y eso cansa mucho”.

Sin embargo, reconoce la intérprete que gran parte del mérito del resultado final es precisamente de la directora: “Yo le he dicho: cuando me den un premio de interpretación, la mitad es para ti. Porque muchas cosas yo no las habría hecho así. Ella me hizo decirlas y hacerlas de otra manera”.

Una escena inédita en su carrera

El guion incluía además una escena que, sorprendentemente, era una novedad para Maura: un desnudo. “Nunca en ninguna película me lo habían pedido”, cuenta. “Cuando me di cuenta pensé: es la primera vez que me lo piden. No tengo ni idea de por qué. Igual no me encontraban suficientemente mona para desnudarme”. La propuesta no le hizo dudar. “Ahora esas cosas me dan igual. Puedo dudar más de tener que asesinar a alguien en una película que de desnudarme”.

La actriz reconoce que ‘Calle Málaga’ es dura para el espectador, hasta el punto de que ella misma tiene dificultades para verlo con tranquilidad. “Es una película muy fuerte. No es el tipo de cine que suelo ver”, admite. Sin embargo, el rodaje fue todo lo contrario. “Me lo pasé pipa. Era como estar en Disneylandia. Todo era mentira: estaba todo preparado, todo era ficción. Hacer las cosas que me hacían hacer era divertidísimo”.

Un éxito que llega después de muchos otros

Maura no es ajena a los grandes éxitos de taquilla. A lo largo de su carrera ha protagonizado títulos muy populares como ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’, ‘¡Ay, Carmela!’ o ‘La comunidad’. “Es verdad que ahora veo el éxito más rápido”, explica. “Pero he tenido muchas películas que han funcionado”.

Guarda un cariño especial por sus primeros trabajos, cuando el cine que hacía tenía menos repercusión comercial. “Eran películas pequeñas, con un éxito muy reducido, pero les tengo mucho cariño”.

A pesar de la larga trayectoria, Maura asegura no ser una persona nostálgica. “Tengo recuerdos muy buenos y otros muy desagradables. Así que no me paso el tiempo pensando en lo bien que lo pasé antes”. Prefiere mirar hacia adelante. “Soy bastante optimista y positiva. No me gusta perder el tiempo pensando en el pasado”.

No me paso el tiempo pensando en lo bien que lo pasé antes

El cine ha cambiado

Si algo sí reconoce es que la industria ha cambiado profundamente desde que empezó a trabajar. “Ahora el cine es muy distinto. Todo se ha complicado mucho”, afirma Carmen Maura.

También ha cambiado la presencia de mujeres detrás de la cámara. Cuando ella empezó, recuerda, las directoras eran muy pocas. “Trabajé con Josefina Molina, con Pilar Miró, con Marion Hänsel… pero se podían contar con los dedos de una mano”. Hoy la situación es diferente. “Me parece muy bien que se proteja a las directoras, porque tenemos un talento impresionante. Yo siempre he pensado que las mujeres somos superiores”, dice con humor. O quizá no tanto.

Aun así, insiste en que lo esencial sigue siendo el guion. “A mí me da igual si lo dirige un hombre o una mujer. Lo importante es leer un guion y quedarte encantada. Y eso no pasa tan a menudo”.

Elegir mejor, trabajar menos

Después de «muchas más de cien películas», Maura asegura que quiere reducir el ritmo de trabajo. “Quiero trabajar menos y ser muy exigente. Lo que diga que sí tiene que tocarme por algo”. No descarta, sin embargo, ningún formato ni procedencia. “Me da igual que sea un cortometraje de alguien que empieza. De hecho, los famosos me apetecen menos”. Durante una etapa de su vida, explica, no pudo permitirse ese lujo. “Hubo una época en la que tenía que pagar deudas que no eran mías. Entonces hice muchísimas películas, de todo”. Eso sí, sigue leyendo todos los guiones que recibe. “Nunca se sabe”, dice. “Lo mismo aparece algo maravilloso”.

Sigo leyendo todos los guiones que me llegan. Nunca se sabe, quizás aparezca algo maravilloso

Volver a casa

En lo personal, la actriz atraviesa una etapa de viajes constantes entre rodajes y promociones. Durante años ha vivido entre Madrid y París, aunque recientemente ha pasado largas temporadas trabajando en otros lugares. “He estado mucho en Venezuela, en Buenos Aires… y me doy cuenta de que en mi casa de Madrid apenas he estado”, cuenta. “Cada vez que vuelvo traigo objetos de los viajes, muñequitos, cosas… y luego me voy otra vez”. Ahora quiere recuperar más tiempo en su casa de Chamberí, junto a su gimnasio y su rutina.

La popularidad fue algo que, al principio, reconoce, le resultó difícil de llevar. Con el tiempo ha desarrollado su propia estrategia para manejarla. “Cuando alguien me para por la calle y me dice: ‘¡Ay, Carmen, te admiro mucho!’, empiezo yo a hacerle preguntas”, cuenta divertida. “¿Vives por aquí? ¿Tienes hijos? ¿A qué colegio van?”. El resultado es inmediato: “La gente está encantada hablando de sí misma. Y yo me entero de todo lo que me da la gana”.

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