Bordar la memoria: puntadas que resisten al olvido

En tiempos donde el negacionismo asoma con fuerza, hay gestos que se vuelven profundamente políticos. Silenciosos, pacientes, colectivos. Así nació durante la pandemia la colectiva “Bordando luchas de ayer y de hoy”, una iniciativa que encontró en el hilo y la aguja una forma de denunciar, recordar y resistir. El proyecto surgió en la Casa de la Memoria Imprenta del Pueblo Roberto Matthews. Al principio eran apenas pañuelos que llegaban por correspondencia. Con el tiempo, esos pequeños retazos comenzaron a unirse, y también las personas. Así se fue tejiendo una red que hoy crece y se fortalece alrededor de tres ejes: memoria, medio ambiente y género.

Mes de la Memoria: bordar para no olvidar | ES UN MONTÓN

En este marco, la colectiva también encontró espacios para amplificar su voz. En el programa Es un montón, turno mañana de Canal 10, participaron Stella Maris Grafeuille y Marta Gaitán, quienes compartieron su experiencia y el sentido profundo de la iniciativa. “Siempre pensamos que a través del bordado se denuncia y se resiste”, señaló Grafeuille. Y no es una idea nueva: el bordado ha sido históricamente una herramienta de expresión en contextos de violencia. Durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, por ejemplo, o en campos de detención en distintas partes del mundo, las telas bordadas se convirtieron en testimonios clandestinos, en relatos que lograban atravesar el silencio impuesto.

En Argentina, esa tradición también tiene sus huellas. Gaitán recordó su paso por la cárcel de San Martín, donde su marido estuvo detenido: “Nos pedían que lleváramos toallas con muchos colores. De ahí sacaban los hilos para bordar mensajes. Hay un bordado en el Archivo de la Memoria hecho con esos materiales”. 

Hoy, esas prácticas resurgen con una nueva potencia. “El bordado nos acompaña siempre, hoy es un acto de resistencia en esta época”, afirman. En un mundo atravesado por la inmediatez y la tecnología, elegir bordar es también detenerse, encontrarse, volver al cuerpo y a la palabra. 

Las reuniones se transformaron en espacios de intercambio y construcción colectiva. “La convocatoria significó juntarse, comentar, hablar sobre los desaparecidos. En este tiempo nos hace bien, cada vez se suma más gente”, afirmó Gaitán. Cada puntada lleva una historia: antes de bordar un nombre, se investiga, se comparte, se reconstruye una vida. 

Stella Maris Grafeuille aportó su testimonio: “Hay un bordado con un lirio. Yo estuve detenida en la UP1 y entre los compañeros que fusilaron estaba René José Mucasell. Nos abrieron las ventanas, lo estaquean, y muere. Días después apareció un lirio en ese lugar que era un páramo”. 

La colectiva también encuentra en este hacer un espacio para la alegría. “Nuestro patio es pequeño, pero cabemos muchos”, dice Gaitán. Los encuentros de los sábados combinan investigación, bordado y afecto, demostrando que la memoria no es solo dolor, sino también encuentro y construcción compartida. 

Este 24 de marzo, en una nueva conmemoración del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, las integrantes marcharán con más de 15 mantas confeccionadas colectivamente. Esos bordados estarán presentes en el palco central del acto, como símbolo de una memoria que se teje entre muchas manos.

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