Israel veta a la máxima autoridad católica en el país el acceso al Santo Sepulcro para celebrar la misa del Domingo de Ramos

La mañana del Domingo de Ramos en Jerusalén suele oler a incienso y a ramas de olivo batidas por el viento. Sin embargo, este domingo, lo que se respiraba era el aire gélido de un veto. En un gesto inédito y rompedor con los delicados equilibrios con la comunidad cristiana, la liturgia de la Pasión se quedó huérfana. La policía israelí impidió el paso al cardenal Pierbattista Pizzaballa y al Custodio de Tierra Santa, Francesco Ielpo, cuando se dirigían de forma privada y sin pompa alguna a celebrar la misa en el Santo Sepulcro, según han denunciado.

El incidente no es solo un roce administrativo en un retén militar. Es un «precedente gravísimo», según un comunicado del Patriarcado Latino, que también lo ha calificado de medida «manifiestamente irrazonable» y desproporcionada. Según lo relatado, la principal autoridad católica en Tierra Santa en el país, que desde el inicio de la guerra han acatado cada restricción —cancelando procesiones y limitando aforos para evitar tensiones—, y su acompañante, se han vistos obligados a dar media vuelta ante la intransigencia policial.

Este portazo en las narices de la Santa Sede llega en un momento de máxima fricción diplomática en el triángulo Jerusalén-Washington-Roma. La relación entre el Gobierno de Binyamín Netanyahu, la Administración de Donald Trump y el Vaticano se está tensando como en los peores momentos. No es un secreto que la sintonía es nula. Hace apenas unos días, la influyente revista jesuita America, brújula moral para millones de católicos, publicaba un editorial demoledor sobre el futuro de la Iglesia bajo el mandato estadounidense. «El Gobierno de Estados Unidos está en guerra con la Iglesia católica», lo titularon. 

Inaceptable, según Roma

La tensión no es solo institucional, es física y territorial. En Cisjordania, la violencia de los colonos israelíes ha prendido en varias ocasiones estas últimas semanas en Taybeh, el último bastión cristiano de Palestina. Según datos de la agencia de la ONU para los asuntos humanitarios (OCHA), los ataques a propiedades y campos de cultivo en esta zona han aumentado un 40% en los últimos seis meses, dibujando un mapa de hostilidad creciente.

La noticia del veto en Jerusalén ha corrido por el Mediterráneo hasta llegar a Roma, donde la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha reaccionado con una dureza poco habitual hacia un aliado tradicional. El Gobierno italiano ha expresado su «cercanía» al cardenal Pizzaballa y a padre Ielpo. Lo ocurrido, ha añadido, «constituye una ofensa no solo para los creyentes, sino para cada comunidad que reconozca la libertad religiosa». La líder italiana también ha recordado que el Santo Sepulcro es el corazón de la cristiandad y por eso, «debe ser preservado y protegido«.

Más duro aún ha sido el ministro de Exteriores de Italia, Antonio Tajani. «Es inaceptable […] la primera vez», ha escrito en un mensaje en sus redes sociales. «He dado instrucciones inmediatas a nuestro embajador en Israel para expresar a las autoridades de Tel Aviv la protesta del Gobierno y confirmar la posición italiana en defensa, siempre y en toda circunstancia, de la libertad de religión», ha añadido.

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